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El Tino

El Tino

Óscar Velásquez Narváez

TENORIO nos sigue contando sobre los personajes que lo hicieron vibrar en su juventud, hoy nos hablará del TINO Asprilla, que lo hacía levantar los domingos a las 5-6 o 7 am.

Faustino Hernán Asprilla Hinestroza, nació el 10 de noviembre de 1969 en el Instituto de Seguros Sociales; hasta los 18 años jugó en la Selección Tuluá, después de ser descubierto por Gilberto Román en unas Olimpíadas del Barrio Popular: siendo del San Antonio, pero hicieron una excepción para que jugara junto a sus amigos. Descolló e inició un recorrido que lo llevó al Alianza, al Arroz Andes y al Estudiantes, después llegó a la Selección Tuluá.

Eran una familia numerosa en Tuluá, tres hermanos y cuatro hermanas: tuvo una infancia igual que la de otros chicos de su pueblo; su papá Diego, trabajaba en una hacienda de explotación de la caña de azúcar y el puesto fijo le garantizaba un sueldo digno con el cual podía mantener a la familia. Así Tino hizo el bachillerato. Su amargura fue no haberse inscrito para la universidad, como deseaba el padre, ahora Tino ayuda a toda la familia. Papá Diego, está jubilado y visita con regularidad a sus viejos amigos en la hacienda de los Ríos. 

Fausto no tenía una gran relación con sus compañeros de la selección Tuluá. Muy seguro de sí mismo, los criticaba en pleno partido: “Ustedes no saben jugar, yo me voy”, les decía. El técnico Román hacía malabarismos para que no lo acribillaran y, él mismo, para ver cómo funcionaba el conjunto sin Asprilla, que por nada del mundo abandonaba la camiseta número diez, lo sacó del equipo, a los diez minutos, Tino estaba en la tribuna desnudo, protestando por su salida... 

El tulueño comenzó su carrera en la Escuela Sarmiento Lora del Valle del Cauca y en el equipo Cúcuta Deportivo. Posteriormente, vendría su traspaso al Atlético Nacional, equipo donde el Tino brilló por su capacidad con el balón para armar jugadas valiosas y efectivas. Y se convirtió en un jugador indispensable en la cancha.

En el Nacional de Medellín se codeó con hombres como Higuita, Andrés Escobar y Aristizábal, y aquella selección Sub-23, en el Preolímpico de Asunción lo lanzó a la fama, habilidoso, creativo, efectivo, rápido... todos estos adjetivos se usaban para calificar el juego de Faustino. 

Su notable trabajo en el Atlético Nacional y en la Selección Colombia lo llevó al Parma en 1994. Por una histórica suma de 7 millones de dólares, en Italia se destacó tanto que fue nominado dos veces al Balón de Oro y alzó cinco títulos europeos. Allí todavía lo recuerdan porque le quitó el invicto de 58 fechas al Milán con un gol impresionante de tiro libre. 

Apenas llegado al Parma, Tino ya despertaba curiosidad por su particular filosofía de vida. ¡¡¡Haga buena letra!!!, fue la frase con la que lo recibió el técnico Nevio Scala. Pero el colombiano no podía con su genio. La noche parmesana lo tentaba, entonces no resultaba extraño encontrarlo en cualquier pub de la ciudad, tomando algunos chops de cerveza y manoteándoles el micrófono a los ocasionales cantantes del lugar para brindar un concierto de salsa y cumbias.

Cuentan sus compañeros de equipo que Tino había llegado 20 minutos tarde al entrenamiento. Y todos los jugadores saben que, en cuanto a disciplina, Scala es muy estricto. Venga, ¿qué le pasó?, le preguntó el técnico. -Me levanté y, como pensaba que estaba en Colombia, me manejé con ese horario, fue la irónica respuesta de Tino, mientras sus compañeros se mordían para no largar la carcajada. Parecía que la cosa había pasado, Asprilla se acopló al entrenamiento y lo terminó sin novedades. Pero al llegar a los vestuarios, Scala lo mandó a llamar. Cerró la puerta y lo único que se podía escuchar eran los ruidos que provocaba el cuerpo del jugador rebotando contra los armarios. La humorada de Asprilla le había costado algunos sacudones.

Asprilla vivía en el centro de la ciudad, estuvo temporalmente en un hotel, a la espera de una mansión que el club le encontró finalmente en las afueras. En el primer edificio, vivía con Gianfranco Zola, un tipo tranquilo. Asprilla recibió un llamado de atención porque los vecinos se quejaban: escuchaba la música a todo volumen y más de una vez también de noche, porque por culpa del cambio del horario creía que era de día.

Los compañeros recuerdan, divertidos, aquel baño que se dio en Suecia, en el lago cercano al Romantik Hotel de Degerfors, el día del partido por la Recopa. Antes de partir hacia el estadio, le vinieron ganas de dar una vuelta en barco y le pidió a su compañero Gigi Apolloni que lo acompañara. En el momento de volver, mientras Apolloni subía al puente que lo unía a la tierra, Asprilla intentó una última observación del bosque desde el lago, perdió el equilibrio y cayó al agua. Salió rápidamente y corrió a su habitación, cinco minutos después ya estaba cambiado, listo para salir hacia el estadio. En el bus se reía como un loco. Y sólo Apolloni entendía el porqué.

El presidente del Parma, Giorgio Pedraneschi, recuerda que cuando tenía la pierna enyesada manejaba lo mismo la moto, con la gorrita y los anteojos sobre la cabeza. El arquero Marco Ballotta jura haberlo visto una noche mientras conducía su auto y filmaba negocios con su videocámara. Ballota reconoció el BMW porque Tino, tan negro, de noche es visible solo si se ríe.

Rechazaba las entrevistas con la prensa italiana diciendo que no conocía todavía la lengua (la aprendió después). Y cuando la televisión colombiana, que lo seguía por Europa, llegaba a Parma, se escuchaba responder (era la orden del equipo) que Asprilla estaba en Venecia con la familia. El jefe de prensa cuenta que tenía un encuentro con la RAI a las 15, y a las 15 en punto se presentó en la sede. Pero no estaba el equipo de la RAI. Conociendo a Asprilla, llegaron quince minutos más tarde...

El Tino era feliz cuando Zola lo invitaba a Sardegna para hacer una expedición de pesca. Zola, creyendo que le agradaría, le preparó un almuerzo rápido a base de aragoste, pero él lo rechazó: Me gusta más el escualo, lo como siempre en Colombia; por eso soy así de fuerte. Con Zola bromea siempre sobre la altura y, en el mar les dice a los compañeros: Muchachos, es necesario ir donde hay un metro de agua, si no, Gianfranco no toca suelo. Pero bromeaba también sobre su piel: “Por suerte hay buen sol, así me bronceo.”

Esta historia es extraída del documento del periodista Francisco Javier Bohórquez.

TENORIO, continuará la próxima semana con TINO 2.0

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