Kid Pambelé 0.1

Kid Pambelé 0.1

 ÓSCAR VELÁSQUEZ NARVÁEZ

Tenorio en sus años de niño escuchó y vio a uno de los campeones más coloridos del deporte colombiano, tan trascendental como todos los campeones que ha tenido este país. Igual que nuestra cultura, parece sacado de aquella historia de García Márquez (cien años de soledad), donde los habitantes de Macondo siempre fueron felices.

Cuando era apenas un niño, Pambelé siendo muy pobre vendía cigarrillos de contrabando por las calles de Cartagena, al lado de su casa –en el barrio negro de Chambacú– vivía un embolador llamado Pedro Cañate que no desperdiciaba oportunidad para declararse orgulloso de dos cosas: de la novia blanca que se había conseguido en la galería del Teatro Padilla y del diente de oro que le brillaba en una esquina de la encía superior. El diente tenía sus iniciales grabadas en letras mayúsculas. Le había costado una suma de dinero que nunca en aquel vecindario de ranchitos despatarrados, donde se paseaban los perros sin dueño que hociqueaban la basura, tendrían con qué comprarlo, ¡trescientos pesos! 

Los muchachos de Chambacú no le envidiaban a Pedro Cañate la novia blanca tanto como el diente. Era un símbolo de poder y bonanza. Los sábados por la noche, cuando las canciones de Daniel Santos daban comienzo a los bailes en plena calle, Cañate llegaba sonriente para que las mujeres le vieran el diente y ninguna se negaba a bailar con él, y desde entonces Antonio Cervantes se hizo un propósito: “Cuando consiga plata me pondré un diente de oro”.

El vendedor de cigarrillos recorrió todos los pueblos costeños ganándose la comida a trompadas, le gustaba la pelea, igual que la farra, las mujeres eran su debilidad y por ende doblar el codo (emborracharse), su familia era muy pobre, igual que todos los de su barrio era alegre y su pobreza la disfrazaba con alegría, cuando apenas tenía 15 o 17 años, empezó a competir, de esta etapa hasta los 15 años no se sabe mucho de Pambelé, sólo que recorrió los pueblos de la costa y algo de Venezuela y pueblo donde llegaba, pueblo que peleaba contra alguien, ya sea por discusión, gusto, competencia o apuesta.

La vida dio muchas vueltas. El vendedor de cigarrillos después de recorrer todos los pueblos costeños ganándose la comida a trompadas. Hasta que una noche de octubre, con los ojos brillantes mirando a su contendor, soltó la mano izquierda, tumbó a Frazer, oyó el ruido de la muchedumbre y se acordó de una cosa: el diente… días después, convertido ya en campeón mundial, Kid Pambelé entró al consultorio de un dentista venezolano, se hizo extraer el colmillo superior derecho. Le pusieron un casquete de oro exacto al que usaba Pedro Cañate para deslumbrar a las muchachas de Chambacú. Y en la parte interior le grabaron sus iniciales: A.C.R.

Lo primero que hizo Kid Pambelé, con los cinco mil dólares que le pagaron en Panamá por la pelea en que ganó el campeonato mundial (FRAZER), fue comprarse un colchón doble ancho de resortes y mandarse a poner el diente de oro. Lo del diente ya sabemos, pero ¿el colchón?   Pambelé vive en Caracas con una mujer que le ha dado paz, tres hijos y tranquilidad. Pero antes de la pelea en Panamá tenían que dormir en camas separadas porque no había plata para comprarse una cama doble. “Se nos estaba volviendo un dolor de cabeza”, decía el campeón, cuando queríamos estar juntos teníamos que esperar a que amaneciera, que los niños salieran de la casa, y entonces juntar las dos camas…

Pero los cinco mil dólares ganados en Panamá resolvieron los dos problemas para él, Pambelé y su mujer salieron una tarde al comercio de Caracas. Miraron varias camas, escogieron una, le pusieron el colchón doble ancho con resortes y regresaron a la casa. Fue así como el campeón mundial pudo conseguir cama para él y su esposa. Y por supuesto, ponerse un diente de oro como el de Pedro Cañate y, allí empezó su vida tranquila en Caracas, bueno, ahora tenía con que darle buena vida a su familia, entrenar tranquilo y por supuesto una que otra farra.

Faltan quince horas para su combate contra Josué Márquez. Es jueves, son las siete de la mañana, Kid Pambelé se prueba el protector dental que piensa usar esta noche. Le queda un poco grande. Después le pide a su entrenador una pelota de caucho macizo para ejercitar las manos todavía adormecidas. Lleva puesto un sombrero de paja amarillenta que compró en Maracaibo. El sombrero tiene un cintillo azul y un tiburón de pasta roja sostenido con grapas.

—No estoy enfermo –dice Pambelé–. Lo que pasa es que en verano siento como si tuviera animales en las tripas–. Y se hunde en un silencio frío. No habla, por toda respuesta apenas mira con sus ojos brillantes.

Llega al viejo edificio de Parques y Recreaciones en San Juan de Puerto Rico, el portero reconoce al boxeador colombiano y le franquea la puerta de hierro. Al final se encuentra la báscula. Pambelé se desnuda, deja a un lado las sandalias, se quita el sombrero, descubriéndose la cabeza que parece un cepillo, sube a la báscula. Sus ojos se tropiezan, en silencio, con los del entrenador Melquíades Sanz: Pambelé pesa 142 libras. Antes de las diez de la mañana tiene que rebajar un kilogramo. Se viste de nuevo.

San Juan se asemeja un poco a Cartagena con sus balcones coloniales que parecen suspendidos en el aire y sus callejuelas empedradas, Kid Pambelé se adormece en el asiento trasero del automóvil, no duerme por la misma razón que no habla: porque está concentrado en lo que ocurrirá esta noche entre las cuatro cuerdas del coliseo. Defenderá por primera vez su título mundial.

Los temores de Kid Pambelé se disipan. Ya no hay problemas con el pesaje reglamentario. Entonces sonríe por primera vez y de su mirada desaparece esa prevención de gato acorralado que tenía a las siete de la mañana.

En una reunión de meseros cerca y— ¿qué dicen? pregunta Kid Pambelé a manera de saludo.

—Entusiasmados –responde un mesero. Estamos ahorrando para apostarle a Pambelé.

—Yo no sé qué le han visto a ese negro bruto tan bruto –comenta en voz baja, el encargado de la cocina. 

El boxeador le dice:

—¿Y usted dónde ha visto que un bruto puede llegar a campeón mundial?

Continuaremos la próxima semana con el campeón Antonio Cervantes KID PAMBELÉ.

Esta historia es extraída y resumida de la historia que JUAN GOSSAIN le escribió al campeón.

Ya no sólo es COVID, es violencia la que sigue por ahí, cuidémonos, de nuestro comportamiento depende el bienestar de todos.

Quienes quieran leer los documentos escritos con anterioridad, remítanse al link https://www.elpereirano.com/search/label/%C3%93scar%20Vel%C3%A1squez%20Narv%C3%A1ez?m=1

Comentarios

Publicar un comentario

Por favor, plasma tu huella en nuestro registro de comentarios y ayúdanos compartiendo en tus redes.

Propiedades Colombia

Lo más leído esta semana

Pambelé 2.0

Paro homicida

2056 BUCLE “La era de oscuridad”

La CIDH