Se nos fue el enviado especial

Se nos fue el enviado especial

Óscar Velásquez Narváez
@oscarutp

Tenorio hoy nos recuerda a los que escribimos, que estamos de luto, otro luto más en esta época tan golpeada por el dejar de existir de muchos seres queridos, pero igual de personas como él, que en su labor como periodista y escritor nos recordó a los colombianos y al mundo partes de nuestra historia, y lo hizo en una forma agradable y entretenida.

Germán Castro Caicedo (Zipaquirá, Cundinamarca, 1940) se caracterizó por tener escritos en los que manifestaba testimoniales sobre la realidad colombiana. Con gran capacidad investigativa, sensibilidad social e interés por mostrarnos lo sucedido con diferentes facetas, la historia que queda debajo de las piedras y que todos creemos conocer, pero nadie las cuenta, solo él las narró.

Desde 1962 estuvo vinculado a los medios de comunicación, donde se destacó como corresponsal, reportero y cronista, con gran capacidad de investigación, sensibilidad social e interés por mostrar y analizar diferentes facetas de la cotidianidad nuestra. Se inició en el periodismo como reportero de la revista El Ruedo de Madrid (1962), como redactor del diario La República de Santafé de Bogotá (1966) y como reportero y cronista en el diario El Tiempo (1967).

En 1966 siendo reportero del rotativo bogotano La República, escribió una crónica sobre varios cráneos humanos hallados por el Ejército en el páramo de Pisba, en Boyacá, y que podrían ser de soldados del Ejército Libertador, le hizo ver que lo suyo no eran las noticias de última hora ni el afanado cierre de páginas, sino la crónica, género que requiere no solo mucha creatividad sino una alta dosis de investigación en profundidad y la precisión de cirujano.

La trascendencia que detentó Germán Castro Caicedo en la historia, cómo vivió y las cosas que hizo en el tiempo en que permaneció en este mundo fue determinante no sólo para quienes lo trataron, sino que tal vez dejó una huella mucho más vasta de lo que podamos imaginar en la vida de gente que tal vez jamás conocieron ni conocerán de forma personal. Este periodista ha sido una de esas personas que, por alguna causa, merece no ser olvidado, y que para bien o para mal, su nombre jamás debe borrarse de la historia.

Casi tres docenes de libros llevan su firma. Entre ellos “El Karina” en el que nos cuenta cómo y dónde le pasó al M-19, en épocas de conflicto con el estado, la pérdida de un barco en el pacífico lleno de armas, “La Bruja” en el que nos describe como en una narración vívida, recogida por el autor con una grabadora, la vida de una bruja criolla, donde  va desmadejando, a través de una cadena de historias vitales, con tres temas que se comprenden en nuestra historia reciente: coca, política y demonio, hasta lograr entrelazarlos tal como sucede en nuestro medio porque, justamente, el libro es extraído de esa realidad que nos golpea. Según el autor, los testimonios sobre los cuales fue reconstruida la historia de Amanda “El palacio sin máscara”, nos cuenta increíbles historias sucedidas en la toma del palacio de justicia sucedido en el año 1986.

Y todos sus libros referencian historias, como “Huellas”, “El hueco”, “Mi alma se la dejo al diablo”,” Perdido en el Amazonas”, “Una verdad oscura”, “Operación Pablo Escobar” “Colombia amarga” y otras obras que son historias de la vida colombiana contadas con agradable escritura.

A lo largo de su prolífica carrera como cronista, periodista y escritor, el maestro Castro Caicedo recibió 11 premios de periodismo nacionales y 8 internacionales, incluyendo el Premio Rodolfo Walsh (1999) que le fue concedido por la apasionante historia de ‘El Karina’; además del Premio de Periodismo Planeta en 2005 por “Que la muerte espere”, merecidamente, en 2015 ganó el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar a la ‘Vida y obra de un periodista’

Además, con su programa televisivo "Enviado Especial" (emitido durante dieciséis años), se convirtió en el primer periodista que dirigió y presentó el primer espacio periodístico de la televisión colombiana que se realizó fuera de los estudios, con temáticas profundas y de denuncia.

El maestro fue periodista por vocación y cronista por antonomasia, pues en cada situación de la vida diaria encontró siempre una historia que contar y siempre lo hizo con lujo de detalles y con el conocimiento del filólogo, por eso repetía que “escribir una crónica es narrar la vida, pero narrarla bien”.

Igual que amó su profesión, lo hizo con su esposa, en sus últimos momentos cuando sufrió de la penosa enfermedad, cáncer hepático y los médicos le preguntaban “Don Germán, ¿alguna inquietud o una preocupación?’, él siempre respondió: ‘No, doctor, ninguna’. Ella le preguntaba: ‘¿Qué sientes?’, Y él decía: ‘Amor por ti, amor por ti’”.

En lo personal, he tenido la gran experiencia de compartir con él una tarde en la que unos amigos me invitaron a escucharlo y recibimos grandes consejos literarios, igual soy lector y aprendiz de todos sus escritos y seguidor de sus crónicas.

Sin duda, el maestro y cronista de cronistas, ha sido el escritor más leído por sus obras de no-ficción, al punto que la crítica especializada siempre ha dicho que Germán Castro Caicedo fue, en sí mismo, todo un género literario.

PAZ EN SU TUMBA.

Cuidémonos, busquemos distanciamiento, no nos quitemos el tapabocas, el COVID no se ha ido.

Quienes quieran leer los documentos escritos con anterioridad, remítanse al enlace https://www.elpereirano.com/search/label/%C3%93scar%20Vel%C3%A1squez%20Narv%C3%A1ez?m=1

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