Una actitud responsable

Una actitud responsable

Por ÁLVARO RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ

Defiendo la institucionalidad de Colombia.

Pese a cierta plutocracia nuestra que brinca entre la inequidad y los negocios, como tahúres o simples malabaristas. Poco les importa el país. Crean y viven en sus propios paraísos al ruido del monedero.

Esto lo escribo a pocas horas de instalarse otro año legislativo del Congreso de la República, a quienes muchos señalan en esa fábrica de hacer leyes, de ir en contravía de la gente, lo cual es un adefesio. Fue ese mismo pueblo que los arrulló en las urnas pero que una vez instalados, obedecen a otros dictados de lo público y amancebados con cierto capital privado. Al que le obedecen y reciben órdenes. 

¡Como mayordomos del país!

Eso es lo que la gente no quiere: que el Congreso represente lo tóxico. Lo putrefacto y otra serie de calificativos que parece no les conmueve a muchos de ellos agazapados entre sus intereses. Entre intestinos revolcados.

Están llamados a actuar con responsabilidad. A dejar enseñanza de comportamientos decentes y no contra la moral pública. A demostrar que ese cuadro del electrocardiograma político no es la fórmula  del paciente agónico en que está convertida Colombia. Tiempo de corregir y no dejar espacio a razones que pasan por encima de sus declaraciones de renta o de burla - burlando al ciudadano cansado de las belllaquerías de muchos de ellos. 

Hay que agitar razones para que el inconformismo no crezca y termine sepultándolos entre sus propios miedos.

Colombia entera no quiere hacer pausa contra indicadores contrarios a la vida, al orden y la decencia. El Congreso, no merece calificativos con los que de manera común los identifican sin que actúen y cambien.

Es tiempo señores Congresistas, que actúen con responsabilidad. Para muchos de ellos es mucho pedirles. Pero Colombia reclama que no sigan jugándose su legitimidad por extraños y torcidos comportamientos que poco o ninguna confianza les genera.

Arranca un período legislativo entre indicadores pésimos y un país ardiendo. Ellos no pueden ser pirómanos de la crisis y el caos.

Ojalá, al término del ejercicio, el ciudadano los vea como ¡HONORABLES!  y no a muchos de ellos, como marionetas de la corruptela que ahoga a Colombia.

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