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Día Internacional de la niña: Celebrar con las niñas para construir con las niñas

Día Internacional de la niña: Celebrar con las niñas para construir con las niñas

El 11 de octubre se celebra el día internacional de la niña, una fecha acordada globalmente mediante la Resolución 66/170 del 19 de diciembre de 2011 adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas, con el fin de promover los derechos, tanto de mujeres como de niñas, reducir las brechas de desigualdades y eliminar las violencias a las que se enfrentan constantemente. Cabe resaltar que la conmemoración de esta fecha es resultante de las luchas por el reconocimiento que mujeres, de todas las edades, a nivel mundial han llevado a cabo, resaltando así la importancia de potenciar procesos de empoderamiento en diversos ámbitos de la vida.

En Colombia, cerca de 8 millones de habitantes son niñas, esto corresponde al 51% de la población menor de 18 años y al 16% del total de personas en el país. Entonces, vale la pena preguntarse ¿Qué significa ser niña en un país como Colombia?

Para responder esta pregunta, resulta necesario develar, desde un marco de interseccionalidad, las formas de precarización social a partir de los cuales se construyen las matrices de crianza, interacción y formación en las cuales hemos sido educados históricamente, generando círculos de reproducción cuya repetición permanente se asume como un asunto de la naturaleza y en consecuencia, pareciera resultar incuestionable.

La primera matriz sobre la cual es importante llamar la atención es el lenguaje. Nombrar a las niñas sigue siendo un asunto en disputa por quienes consideran que la estética del lenguaje se conserva cuando se totaliza al género humano en el artículo masculino, sin ahondar en los efectos sociales del borramiento y la dominación que se ejerce tras estas prácticas discursivas. Imaginemos esta historia:

Una pareja allegada a la familia, (con quienes compartimos puntos de vista excepto este), cuestionan el carácter de inclusión que hay cuando se hace referencia explícita del artículo femenino en las prácticas discursivas, es decir, al hablar y al escribir. Recientemente, esta pareja vivió la experiencia del nacimiento de su hija, una de las tantas tarjetas de felicitación que recibieron, ante el acontecimiento decía, “Dios bendiga a este otro hijo”, inmediatamente ellos interpelaron para corregir “Es una niña”, la pregunta es ¿por qué?, seguramente porque el lenguaje no sólo visibiliza sino que además, genera las condiciones de existencia social que nos permiten ser en el aquí, en el ahora  y en la proyección de lo que seremos. 

La segunda matriz se deriva de esta primera es, ¿Quiénes son las niñas y qué le corresponde hacer? Eso nos lleva a lo que se conoce como los estereotipos y roles de género, es decir, aquellas normas sociales que terminan predestinando a las niñas a la conformación de uniones tempranas, maternidad no planificada y a la reproducción de labores de cuidado no remunerado. Así lo muestra la Encuesta Nacional de Demografía y Salud - ENDS, realizada por el Ministerio de Salud (2015), la distribución de tareas en el hogar guarda una estrecha relación con los roles tradicionales de género. De las personas encuestadas entre 15 y 19 años, las mujeres adolescentes dedican entre el 80% y el 90% de su tiempo para realizar labores de limpieza en el hogar, mientras que el 12% de los hombres adolescentes de la misma edad lo hace.

Este tipo de hechos, que por la repetición transgeneracional se perciben como un asunto de la naturaleza humana, terminan por explicar por qué, aunque existe paridad en el acceso a la educación entre niñas y niños, las niñas terminan por ocupar los mayores índices de deserción escolar en los niveles de básica secundaria y media vocacional, lo que en efecto reduce las posibilidades de acceso a la educación superior y formación para el trabajo.

Finalmente, la tercera matriz, en una sintonía (nada armónica) con la matriz anterior, tiene que ver con cómo se proyecta la idea de completitud de las niñas. Resulta común y no por ello tolerable, escuchar en nuestras conversaciones expresiones como: “uy, pero es que ya es toda una mujercita”. expresiones como las más comúnmente  aceptadas socialmente del “paso de niña a mujer” que incluso enmarcan ciertos rituales de celebración, parecieran prepararnos culturalmente para no advertir lo que representa el aumento del fenómeno de las uniones tempranas y la manera como estas, terminan por profundizar las brechas de desigualdad e inequidad que se estacionaron en lo económico pero que sin duda, su despliegue más importante está en la urgencia de construir marcos relacionales éticos y respetuosos.

Desde el año 2018, el Instituto de Medicina Legal en el país, ha levantado las alertas por la relación que existe entre violencia de pareja y uniones tempranas. La violencia de pareja es un asunto que afecta principalmente a mujeres; los registros de las víctimas más jóvenes refieren a niñas de 10 años. Por su parte la ENDS (2015), presenta las diferencias situadas  de este indicador conforme a los contextos urbanos y rurales; mientras en los contextos urbanos, 1 de cada 10 niñas menores de 18 años se establece en una unión, en el contexto rural esta relación es de 1 niña por cada 5. 

Vale la pena señalar que estas uniones pueden estar justificadas moralmente por la cuestionada “libre decisión” de las niñas, dadas las condiciones en las que crecen y desde un marco de capacidades, la ausencia de condiciones habilitantes para su desarrollo, hasta por transacciones ilegales e ilegítimas  de orden económico que realizan sus cuidadores sobre ellas. Sin perder de vista la gravedad del hecho, en el caso de los niños, el porcentaje de uniones tempranas resulta tres veces menor, lo que indica que en más del 70 y 90% de las uniones tempranas de niñas, se da con un hombre mayor de edad. 

Para World Visión, estas tres matrices (e otras) y sus impactos culturales, requieren de un compromiso intersectorial, que articule las agendas programáticas, en el trabajo con las comunidades, las instituciones y los gobiernos en un marco de relación que reconozca las voces de las niñas. Estas tres matrices y sus impactos, han sido posibles de comprender, gracias al liderazgo y la participación de niñas y mujeres que se movilizan y se organizan para hacer posible la interrupción de una cadena de repeticiones que se confunden con lo que es normal o natural. 

World Visión agradece a las niñas que durante años nos han acompañado en el trabajo con las comunidades y que nos han enseñado a cuestionar estos tres y otros tantos lugares comunes que reproducen formas de violencia. Niñas que levantan su voz, que se establecen en los lugares públicos para recrearlos y habitarlos de formas que desafían  la condena social sobre su ser. 

Agradecemos a las niñas con quienes aprendemos y acordamos procesos de protección integral, para ellas y para quienes aún no pueden levantar su voz, mantenemos nuestro llamado: 



¡Necesitamos a todo el mundo para eliminar la violencia contra la niñez!

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