¿A quién elegir?

Las gentes en su inmensa mayoría toman los medicamentos porque alguien se los recomienda o simplemente, de tanto oírlos nombrar, deducen que son saludables. De idéntica manera actúan frente a los políticos, por recomendación o atraídos por su empaque, sin darse cuenta que la envoltura, muchas veces, es un engaño. Dentro de estos, hay verdaderos artistas que han hecho de la política su real profesión. Dotados de fácil palabra con la que engañan a sus incautos votantes ensayan gestos descrestadores que van desde el mentiroso abrazo hasta cargar al mocoso meado, todo en un frío y calculado acto que no busca cosa distinta a mostrarse simpático y hacer creer que es uno como ellos. Pero ojo. No nos podemos dejar engañar. Pasadas las elecciones, ¿ese comportamiento es igual? Hay una diferencia grande entre dos candidatos a la Gobernación que es necesario evaluar para que las gentes sepan a qué atenerse.

De un lado, Víctor Manuel Tamayo y del otro, Diego Alberto Naranjo. Dos candidatos totalmente opuestos. Tamayo, simpático y formal. Te saluda por el nombre, te abraza y te da la sensación de ser un amigo entrañable, comprometido contigo hasta más no poder. Naranjo, frío y distante. De tu nombre, a lo mejor no se acuerde así te lo hayan presentado antes. Es un técnico que poco conoce de formalismos. Venido de Belén de Umbría, municipio del que fue orgullosamente su Alcalde y en su momento el mejor de Risaralda, ha estado muy inmiscuido en las actividades político administrativas del Departamento, mostrando resultados, mas no cultivando votos.

Tamayo, político profesional, siempre ha estado inmerso en ella, salvo cuando estuvo en la investigada Cable Unión, empresa de Habib Merheg con quién sigue manteniendo oculta y estrecha relación. Los votos es lo suyo. Le encantan para hacerse elegir o para cobrar la reposición que el Estado paga por los mismos. Es su modus vivendi. Naranjo se muestra tal como es. De arraigadas convicciones conservadoras, siempre ha estado ahí, representando a su Partido. Tamayo, ladino y tránsfuga, viste la camiseta del partido que lo avale. De conservador ya no tiene ni el carnet. Desvergonzado como el que más se ha paseado orondo por las militancias partidistas. Sin ser indígena está avalado por la Alianza Social Independiente, antes Alianza Social Indígena, cuyo nombre modificó en el 2011.

Naranjo, católico de nacimiento y de observancia, nunca ha disimulado su razón de serlo. Tamayo, de hogar católico confunde con su actuar. Se inscribe en la Casa Conservadora en un altar improvisado con la Virgen y a los dos meses se hace avalar por el Partido Colombia Justa Libres, movimiento de Iglesias protestantes.

Perfiles distintos de las dos personas con mayores probabilidades de llegar a la Gobernación de Risaralda. ¿A quién escoger? ¿Al falso o al auténtico? Los risaraldenses, no se pueden equivocar. De ahí que rompamos la neutralidad. El momento lo exige. Naranjo Gobernación, Adriana Alcaldía. Y de los jóvenes con deseo de servicio, Camilo Montoya al Concejo y Carlos Andrés Gil a la Asamblea. Esto es renovación, sangre fresca, empuje creador.

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Alberto Zuluaga Trujillo.


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