A Risaralda le urgen estudios de impacto humano

  • No sólo las cifras de inversión en infraestructura y gestión nos deben medir. Es más importante medirnos en construcción social y en reparación del tejido humano.
  • El ser humano debe estar en el centro del desarrollo y punto, es así de sencillo. O se garantizan el desarrollo humano, la calidad de vida y los mínimos vitales o no hay desarrollo.

Si bien es cierto que al departamento, el desarrollo le deja importantes pasivos ambientales y sociales , que son muy importantes tenerlos en cuenta y bienvenidos esos estudios que hoy permiten soportar y formular todo proyecto de desarrollo, (y ojalá que se cumplan ) se hace necesario que, por iniciativa de los líderes y de los mandatarios locales o por iniciativa de los congresistas en Colombia, se institucionalice la obligatoriedad de anteponer a toda inversión, a toda siembra de cemento, a todo proyecto de desarrollo, un estudio de impacto humano.

Siempre es necesario preguntarnos, a la hora de realizar cualquier inversión o ejecutar un proyecto ¿Qué impacto en los humanos, en su salud física y mental, en su calidad de vida, en el acceso al aire, en el acceso al bienestar tiene esta iniciativa? ¿Cómo se impacta el entorno, también, con un proyecto determinado?

La sostenibilidad debe empezar por el ser humano. La sostenibilidad humana y el impacto humano, que debe ser positivo, es el sello que debe dejar el desarrollo en las comunidades, estas son las garantías más importantes por el bienestar de las personas.

Según las cifras del último Censo del Dane, en Risaralda vivimos 839.597 personas, (que debemos ser muchos más) que requerimos de una planeación más consciente de las acciones que van a afectar nuestro desarrollo como departamento, como comunidad, pero sobre todo como seres humanos.

De nada le servirá al departamento tener buenas vías, buenos puentes, buena infraestructura, si estas obras no están dejando una huella que construya y reconstruya, el tejido humano.

Con él ánimo de generar reflexión, pongamos una cifra en la balanza. En nuestro departamento se cuantifica una inversión, a corte de 2018, de 530 mil millones de pesos( más los de regalías y gestiones)que han sido destinados por la administración departamental en los últimos tres años en obras de inversión y gastos de funcionamiento, si comparamos este dato con los resultados en inversión social, la balanza se inclinaría en negativo, porque no contamos con una política clara y arriesgada por la construcción de comunidad, de sociedad y de entornos protectores.

Para ilustrar esta situación crítica, que va más allá de la percepción, enfoquémonos solo en dos datos: de acuerdo con el ICBF, en Risaralda, se han presentado en lo que va del 2019, 500 casos de abuso sexual contra niños, niñas y adolescentes; adicionalmente según la Secretaría Departamental de Salud, en Risaralda se han registrado 603 intentos de suicidio, dando cuenta estos casos de la gran problemática que tenemos de salud mental, de violencia intrafamiliar (en lo que se puede catalogar como un brote de violencia contra las Mujeres)y de falta de garantías de Derechos Humanos.

Ocupa Risaralda los primeros lugares en trata de personas y explotación de menores, y que se sigan mirando las cifras en lo humano a ver cómo nos va.

Estos datos, por no mencionar otras cifras y no dejar el panorama tan gris, ilustran el desgaste del tejido humano y social que necesita una transformación. Esta es la verdadera reparación que necesitamos. Así como las vías y los puentes, los seres humanos necesitamos mantenimiento, nuestro ser necesita sentirse incluido y con la capacidad de incidir y participar en los proyectos desde su concepción, para apropiarse de ellos y para disminuir los efectos negativos que estos puedan traer a las poblaciones.

La inversión requiere una transformación, necesitamos poner en el centro al ser humano y su sentir y, a partir de allí tomar las decisiones de lo que se va a transformar. En un ejercicio consciente, con enfoque de Acción sin Daño, disminuyendo las posibilidades de impacto negativo, tendremos más posibilidades de reducir el impacto negativo en el tejido social. Risaralda necesita, con urgencia, más compromiso con el ser humano.

Elsa Gladys Cifuentes Aranzazu
Defensora del Pueblo
Regional Risaralda


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