Arroz con leche

Por: Leonardo Gutiérrez Giraldo – Coach y consultor internacional

Si usted, como yo, asistió en sus años de escuela primaria a clases de canto, recordará que no se parecían en nada a las actuales clases extracurriculares de canto que incluyen solfeo, técnica vocal y un violín – que no es prestado – o algún otro instrumento de compleja ejecución, que se desarrollan básicamente para deleite de los papás, con la excusa de pensar en el desarrollo de los niños. No, nuestras clases de canto consistían en repetir hasta el cansancio las letras de canciones tradicionales como Pueblito Viejo de José A. Morales, aún sin entender de qué se trataban y, por supuesto, las tradicionales canciones infantiles que todos aprendimos y repetimos sin cesar. Si nos iba bien, teníamos el derecho reservado a unos pocos, de pertenecer al coro que luego cantaría en las festividades especiales; en mi caso, recuerdo haber cantado en un día de madres – no sé cómo llegué allí – la inolvidable y trágica “A la sombra de mi madre”. Esas canciones que repetimos durante generaciones se convirtieron en grabaciones de música infantil, que sólo aparecieron de manera comercial hasta 1958 en Colombia, muchos recordamos los Canticuentos de 1975 o el Multiplica con Enrique y Ana de 1980, hoy con internet el abanico es amplio. Hasta allí todo está bien, lo que quiero resaltar, es como a fuerza de repetición de muchas de estas canciones, nuestros maestros de canto se convirtieron en unos verdaderos programadores de nuestras creencias, la música emociona y la emoción es el pegamento del aprendizaje; y a partir de allí, de nuestros comportamientos, habilidades y estilos de vida en la edad adulta y, por ello, en formadores de la cultura que todos compartimos, porque cantar es contar, y contar es transmitir lo que somos a otros.

Muchas de nuestras más fuertes programaciones vienen de la acción de repetir, en ocasiones sin ningún análisis, no sólo canciones, también versos, historias, oraciones, entre otros y lo que fuera simbólico, se hace real en nuestras actuaciones cotidianas; reforzando en nuestra vida adulta lo que los psicólogos cognitivos han denominado “Sesgo de confirmación” o recolección selectiva de evidencia. Peter Cathcart Wason, psicólogo cognitivo, aplicó pruebas experimentales con las que demostró que las personas tendemos de forma inconsciente a buscar información que confirme nuestras propias creencias, es decir, sólo vemos lo que queremos ver. Este sesgo nos impide analizar las situaciones cotidianas de una manera objetiva, influyendo en las decisiones que tomamos y llevándonos a hacer elecciones deficientes o defectuosas.

Hace unos días, en un espacio de navegación sin rumbo en los extensos mares de la internet, me encontré con un vídeo – dejo la dirección al final – en el que un niño de acento argentino, canta una nueva versión de la clásica canción infantil, arroz con leche; en la que dice: “…arroz con leche, yo quiero encontrar, a una compañera que quiera soñar, que crea en sí misma y que vaya a luchar, a conquistar sus sueños de más libertad. Valiente si, sumisa no, feliz y alegre y fuerte la quiero yo”; aunque pareciera un simple juego de niños, en realidad, estamos asistiendo a un cambio de consciencia y de enfoque de vida que tienen las nuevas generaciones y que a nosotros, los adultos actuales, nos pasa permanentemente cuenta de cobro, al seguir sesgados por los aprendizajes a los que tuvimos acceso. Aclaro antes de iniciar un recorrido por el antiguo cancionero infantil colombiano, que quienes crearon las canciones y quienes nos las enseñaron, tenían la mejor de las intenciones y el marco de referencia ajustado al momento en que lo hicieron.

Y es que no sólo el arroz con leche tenía mensajes problemáticos, en un país donde no sólo faltan muchos puentes, sino que además se caen, no enseñaron que, “el puente está quebrado ¿con qué lo curaremos? con cáscaras de huevo”, lo que nos influencia a aplicar de manera automática paliativos que buscan más disimular el problema que a encontrar una solución real y efectiva; la cucaracha que tiene varias versiones, ganó fuerza durante la revolución mexicana a inicios del siglo XX con esta letra “La cucaracha, la cucaracha, ya no puede caminar, porque no tiene, porque le falta, marihuana que fumar” y la cantaban niños que repetían una y otra vez, que para caminar hacía falta marihuana; Mambrú se fue a la guerra, es el resultado de la adaptación de una canción francesa que hace alegoría a la derrota del duque de Marlbrough y que en las versiones surgidas en nuestras tierras dice: “Mambrú se fue a la guerra, qué dolor, qué dolor, qué pena, Mambrú se fue a la guerra, y no sé cuándo vendrá… Que Mambrú ha muerto en guerra, qué dolor, qué dolor, qué pena, que Mambrú ha muerto, en guerra lo llevan a enterrar” como si fuera una premonición de lo que hemos vivido por décadas en nuestro país; La serpiente de tierra caliente, nos enseño a comer “plátanos con aguardiente”, o la iguana que “tomaba café a la hora del té”, y si reflexiona, se dará cuenta que leyó este escrito cantando en su mente los ritmos de las canciones, porque esos son los niños que fuimos y los adultos que somos.

¿Se trata entonces de no volver a enseñar las canciones a nuestros niños?, no, la música tiene múltiples beneficios para el ser humano y en especial para los niños a quienes ayuda a nivel auditivo, sensorial, motriz, social e intelectual entre muchos otros; se trata de enseñarles que, lo que escuchan, ven o leen, antes de ser repetido, debe ser analizado y contextualizado, ayudándoles a vivir el mundo de la fantasía como un basamento vital e importante para la construcción de la realidad en la vida adulta, buscando evitar al máximo los sesgos de confirmación. De esta manera estaremos reforzando en ellos el pensamiento crítico que permite construir creencias y opiniones propias basadas en la evidencia y no en la suposición.

En nuestro caso, los adultos, debemos estar siempre atentos a nuestros pensamientos, y como en ellos y en nuestras palabras aparecen mandatos que repetimos sin cuestionamiento, que en múltiples ocasiones, entorpecen nuestro desarrollo y el alcanzar los objetivos propuestos al ser dominados por nuestros propios sesgos mentales.

¿Y a usted, cual canción de la infancia le resuena más?

Leonardo Gutiérrez Giraldo
Master Coach, Coach Profesional y Comercial
certificado por la Global Coaching Federation
NLP – Master International Association for NLP de Suiza
Consultor Internacional certificado por Bureau Veritas
Sinergia Consultoría Organizacional
leonardo@sinergiaconsultoria.net
Twitter: @leogutierrezg

Vídeo Arroz con leche:

elpereirano.com

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