Cambio de tercio

Por: Alberto Zuluaga Trujillo

Hablemos ahora de los animales, tema que pareciera menos agobiante que tratar el de los humanos, cuyo comportamiento, lejos de ser analizado y sopesado, es abiertamente irracional en muchas de sus expresiones, contradiciendo la lógica del buen juicio y raciocinio, como corresponde a su naturaleza. Insistimos en reducir la violencia y… vaya, si en Colombia no la hemos sufrido y en grado sumo, con el ataque inmisericorde de la vida humana. Pero ahora, que la población se ha sensibilizado, han aparecido grupos, cada vez más numerosos, en defensa de la vida animal.

Estamos refiriéndonos a las corridas de toros que entre nosotros se iniciaron a comienzos del siglo XX con la llegada de José García “Alcalareño” y Manuel Mejía Rápela “Bienvenida”, diestros españoles que abrieron el negocio para la empresa circo de San Diego, la antigua plaza en Bogotá, anterior a la actual de Santamaría. Monopolizada esta actividad prácticamente en la capital de la República y celebrada esporádicamente en Medellín, fue a partir de la creación de la Feria de Manizales en 1955 que se dio a conocer el país como gran centro taurino.

Ante la presión de quienes se oponen al maltrato animal la Corte Constitucional en febrero del año pasado tumbó el artículo quinto de la ley 1774, expedida por el Congreso en el 2016, que excluyó a las corridas de toros, el rejoneo, las novilladas, las corralejas, el coleo y las riñas de gallos, de las conductas que constituyen hechos de violencia contra los animales, penalizándolas con cárcel de 12 a 36 meses.

Ahora, en un nuevo fallo, la Corte vuelve a dejar vigente el artículo que las excluía, permitiendo que dichas conductas continúen sin ser perseguidas como maltrato animal. Preguntamos: si la Corte anterior, reconociendo que la legislación ha avanzado, catalogó a los animales como seres sintientes, no sujetos a maltratos y conductas arbitrarias, ¿por qué la actual cambia radicalmente de pensamiento permitiendo en su contra el uso de la crueldad? La protección del medio ambiente que compromete por igual a los particulares como al Estado, siendo una nueva política en el mundo civilizado, no puede entenderse sin desconocer que a él pertenecen los animales, sean salvajes o domésticos.

Gozar del sufrimiento de un ser indefenso al que por muchos medios se debilita para hacerlo aparecer en el ruedo como un animal lleno de vigor y fiereza, cuando previo a su salida se le han recortado los cuernos, inducido a diarreas, golpeado y encerrado en un lugar pequeño completamente a oscuras para ser enceguecido por la luz a su salida y luego en el redondel, picarlo, banderillearlo y finalmente atravesarlo con una espada de ochenta centímetros que, dependiendo de la dirección, le destroza sus órganos y arterias asfixiándolo en su propia sangre, haciendo creer que fue el encuentro de dos vidas con sus capacidades vitales intactas, no deja de ser, aparte de grotesco, un bárbaro y cruel espectáculo que en nuestro ADN llevamos los cristianos, como herencia del circo romano. No más muertes, sangrientas y horribles.

alzutru45@hotmail.com

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