Corte maquiavélica

Por: Otoniel Arango Collazos

Según la nueva teoría constitucional de la “honorable” Corte guardiana de nuestra carta magna, violar a niños o niñas es un acto íntimamente relacionado con el quehacer revolucionario, tanto como fumar tabaco, dejarse crecer la barba o cultivar coca, marihuana o amapola o cobrar peaje a quienes las siembren o trafiquen con ellas, si no es que el negocio es propio como en el caso de los grupos narcoterroristas que el Estado llama eufemísticamente, dizque disidencias o Grupos Armados Organizados (GAO).

Hemos sido notificados por los medios de comunicación como suelen notificarse las sentencias de hoy en día, en tiempos de una justicia farandulera y alejada de los principios generales del derecho que nos enseñaron a los abogados, recién empezábamos el bello estudio del derecho, que cualquiera de las conductas antes reseñadas, es revolucionaria. Eso de hablar por medio de sentencias es cosa del pasado; ahora pasamos al “comunicado de prensa” como para medir el aceite de la opinión pública y poder hacer algún retoque de última hora para dorar la píldora.

Para la Corte, no era adecuada la norma que aprobó el Congreso que decía que quienes cometieron delitos sexuales en contra de menores de edad, no podían acceder a los beneficios que otorga este sistema de justicia, sino recibir penas de la justicia ordinaria. Los violadores en la JEP (delito no amnistiable) podrán muy campantes, tener penas alternativas de entre cinco y ocho años, que seguramente pagarán en sus campamentos o en el congreso de la república, si es que confiesan, porque el señor timochenko ya lo dijo por televisión, que esos delitos tenían que probárselos; como quien dice que el tal artículo transitorio, que indica que “Las sanciones que imponga la JEP tendrán como finalidad esencial satisfacer los derechos de las víctimas y consolidar la paz”, es mera letra muerta con el agravante que a sus magistrados “…no podrá exigírseles en ningún tiempo responsabilidad por los votos y opiniones emitidas en sus providencias judiciales, proferidas en ejercicio de su independencia funcional”.

En este mundo macondiano, la realidad siempre termina superando a la ficción y las cosas más disparatadas que pudieran ocurrírsele a uno, resultan superadas con ventaja por unos genios cuya malicia indígena es incomparable. Para la corte desaparecieron los derechos de los niños, el Derecho Internacional Humanitario y los Derechos Humanos. Volvemos a los tiempos de Maquiavelo, cuando el fin justificaba los medios y eso de violar niños resulta ahora, ser muy revolucionario.

elpereirano.com

Deja un comentario