El halloween pereirano

El halloween pereirano

Por: Alberto Zuluaga Trujillo

La tradicional fiesta de Halloween que tiene su origen en el antiguo festival de los pueblos celtas de Irlanda, llegó a nosotros en una mezcla de la fiesta pagana de Samhain y la fiesta religiosa del Día de Todos los Santos, gracias al Papa Gregorio IV (827 a 844). La noche del 31 de octubre y desde la perspectiva de la religión wiccan y de otras religiones del mundo antiguo, esta fiesta representaba la muerte y el renacimiento de su dios, al igual que lo hacían los campos y la naturaleza. Durante esta noche, se creía que la puerta entre el mundo de los espíritus y el de los vivos quedaba abierta, por lo que los fantasmas de los difuntos vagaban libremente y el poder mágico crecía debido a esta conexión con el mundo astral. Era costumbre en su celebración, andar con faroles para guiar a los familiares fallecidos y asustar a los espíritus malvados, al tiempo que los niños recogían presentes en todas las casas para ofrecérselos a los dioses a través de los mayores, quienes realizaban un ritual sagrado con sacrificio de animales.

Pues esta inocente y hermosa fiesta que nuestros niños celebraban en Pereira con inusitado regocijo de la mano protectora de sus padres, se volvió una noche de espanto y de terror en el que los vándalos de todas las pelambres hacen de las suyas ante unas autoridades que, a sabiendas de lo que son capaces, vuelven por tres años consecutivos a ser sorprendidas sin tomar las precauciones que dicha celebración las obliga. ¿No sabían acaso el alcalde Gallo y los comandantes de la policía de Pereira y metropolitana de la responsabilidad tan grande que sobre sus hombros tenían y tienen con la ciudad, al no tomar las medidas concernientes para proteger a nuestros niños y comerciantes que fueron blancos de los desmanes? Que los efectivos policiales son pocos para atender no solo la ciudad capital y Dosquebradas, podría ser cierto.

¿Por qué entonces no se pensó en una operación conjunta con el Batallón San Mateo para asegurar la ciudad y protegerla, dado el hecho repetitivo de años anteriores? ¿No es eso acaso una acción propia de una buena administración y buen gobierno? Gerenciar una ciudad no es solo remendar una calle o tapar huecos. Es ser un excelente estratega, lo que faltó la noche de los brujitos, diseñar planes rompiendo paradigmas en la gestión pública tradicional, gestionando recursos y aprovechando la dinámica del progreso en infraestructura vial y de servicios que ofrece el recurso de la valorización y no enterrándola, por simple conveniencia electoral y, en donde al día de hoy, la devolución prometida de la ya cancelada, no ha sido hecha realidad. Un buen alcalde debe dejar en un segundo plano su etiqueta política y concentrarse en la solución de los problemas de la ciudad, no en buscar a quien dejar para cubrir la espalda a su salida y seguir como si estuviese aun en campaña manipulando el tejemaneje politiquero. Creo que sí mejoramos, más no acertamos.

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