Fin de la era Santos

Por: Alberto Zuluaga Trujillo

Con la instalación del Congreso, el presidente Santos entregó el balance de sus ocho años de difícil gobierno. Sin defender sus equivocaciones, que sin duda todos, sin excepción alguna, han cometido en el ejercicio de la alta magistratura, la Historia, por derecho propio le tiene reservado sitial de honor por haberle entregado al país la paz, no la que todos quisiéramos sino, ésta, la que estamos hoy viviendo, a pesar de los muertos que aún contabilizamos pero cuyo número lejos está del que por decenas cobraba esa guerra en la que incontables colombianos caían víctimas de la voladura de pueblos, semana tras semana.

Su balance dista mucho de esa Colombia que, a base de mentiras, sus enemigos se encargaron de pintarle al país, secundada por una prensa timorata que con una mano recibe la pauta gubernamental y con la otra le prende la vela al diablo, dejando de un lado su obligación de informar con veracidad y profesionalismo la realidad nacional. ¿Qué ha pasado con los grandes latrocinios en que han estado inmersos nuestros poderosos grupos económicos? ¿Acaso Reficar, Isagen, Saludcoop, Interbolsa, Carrusel de la Contratación, DMG, Foncolpuertos, Odebrecht, por no mencionar sino estos, nada significan para nuestra gran prensa que después de dar la noticia sobre el hecho, poco o nada exigen para el esclarecimiento del mismo, olvidándolo y callándolo? Para nadie es un secreto que la prensa, el cuarto poder, está en manos de los poderosos grupos económicos que manejan el país. El que esté bien o mal manejado, eso depende de quien lo observe. Para el ciudadano del común, para el pequeño inversionista siempre ha estado mal manejado, pues las cargas impositivas con mucha dificultad le permiten salir adelante. Para los poderosos inversionistas, el país rinde los frutos que ellos tienen calculados.

Ponen gobiernos y corrompen para obtener lo que quieren. Es la triste realidad. De ahí la importancia del momento que vivimos. Atrás quedan los partidos políticos que como el liberal y el conservador se repartieron la torta burocrática y presupuestal por cerca de 200 años. Hoy, un país distinto abre los ojos, consciente de los derechos que le asiste para encarar un mañana diferente y no dejarse manipular perversamente como hasta hoy ha sido. Si Odebrecht infiltró las campañas de Santos y de Oscar Iván Zuluaga en el 2014, según declaración al Ministerio Público del expresidente de la firma brasileña Eleuberto Antonio Martorelli, ¿por qué es malo en Santos y no en Zuluaga? Por la misma razón que el CNE le perdona a Mockus su probada inhabilidad para ser Senador. Porque aquí el delito depende de quién lo cometa y de quien lo proteja. Quiera Dios que el llamado a indagatoria al expresidente Uribe esclarezca de una vez por todas las sombras que sobre su actuar se han tejido, para que pueda el Presidente electo gobernar sin presiones ni titubeos. Por el lado del Congreso este ya arrancó y el más inteligente, Mockus, ya la exhibió sin tapujo alguno.

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