La “amenaza” venezolana

La “amenaza” venezolana

Por: Otoniel Arango Collazos

Corría el año 1976, cuando Venezuela disfrutaba de las mieles del segundo boom petrolero, en tiempos del Presidente Carlos Andrés Pérez. Ese año, la Venezuela petrolera recibió a todos aquellos inmigrantes que llegaban desde Europa y Suramérica, para trabajar y radicarse en la tierra donde solo sobraban los bolívares.

En Colombia gobernaba Alfonso López Michelsen, en tiempos de la bonanza cafetera, quien en su posesión el 7 de agosto de 1974, al tocar el tema del diferendo limítrofe con Venezuela en relación con el Golfo de Maracaibo, lo llamó “Golfo de Coquivacoa”, haciendo referencia así a su nombre indígena originario. Por el año 1976 en que el suscrito era cadete de la Escuela Militar José María Córdoba recuerdo como fuimos acuartelados en primer grado ante la presunta posibilidad de una guerra con el vecino país.

Durante la crisis de la corbeta Caldas que en agosto de 1987 realizó tiros de artillería de entrenamiento cerca a los monjes, los canales diplomáticos entre Colombia y Venezuela se rompieron y la confrontación bélica parecía inminente.

Ha sido pues la relación con nuestro vecino país, no exenta de dificultades, entre otras cosas porque tomaron posesión del islote de los monjes sin que mediara tratado bilateral, solo una nota diplomática que cercenó nuestro territorio y en cuanto al golfo de Coquivacoa, expone la tesis absurda de una “costa seca” para Colombia y todas las aguas para Venezuela.

Ahora se reviven esos ingratos momentos y a pesar de que el Presidente electo Iván duque ha manifestado a la prensa internacional que no apoyará una invasión militar a Venezuela para derrocar al dictador Maduro, Pedro Carreño, diputado de la ANC, dijo este domingo:

“Si Venezuela es agredida militarmente desde Colombia, el país estaría en su derecho de responder el ataque. Nuestros Sukhoi tendrán la responsabilidad de derribar los siete puentes del río Magdalena que atraviesan de norte a sur a Colombia para dividirla en dos”. Lo que también ha dicho el Presidente Duque es: “… no se puede tener un embajador y las relaciones que tendremos serán consulares para facilitar temas migratorios y atención de nuestros ciudadanos. Se debe ser de una sola pieza. Si lo que hay es una dictadura uno no puede hacerse el de la vista gorda”.

No se puede menospreciar la amenaza, tampoco tocar los tambores de guerra, pero una máxima popular dice con mucho acierto: “Soldado avisado no muere en guerra”; nuestra infraestructura vial y energética debe ser protegida de los ataques aéreos. Un feliz día y mucha prosperidad.

elpereirano.com

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