La bomba y el país

Con dolor de Patria el pueblo colombiano llora la muerte de veinte cadetes de la Escuela General Santander, en un ataque suicida que eleva a setenta el número de heridos y cuya modalidad, inédita entre nosotros, cobró también la vida del perpetrador, miembro del ELN, grupo que posteriormente reivindicó el acto terrorista.

Desazón, impotencia y rabia son hoy las sensaciones ante lo ocurrido, que obligan a repensar la situación y tomar las medidas necesarias, con sangre fría.

El bla bla bla, cargado de odio y revanchismo no podrá producir más que violencia de la que el país está harto y de sobra.

En una genial caricatura de días recientes, Matador muestra al expresidente Uribe preguntándole al presidente Duque sobre los hallazgos encontrados en el carrobomba, exhibiendo éste un espejo retrovisor y espondiendo, “solo encontramos esto”.

Ese espejo retrovisor llevó a Uribe a señalar en un twitter la responsabilidad del Gobierno anterior por haber firmado el proceso de paz, sin querer entender que ese proceso con todas sus imperfecciones, curules y todo, ha evitado la muerte de cientos de policías y compatriotas, que antes de él se contaban por decenas.

En esta misma línea y para satisfacer el ego de su protector, el presiente Duque solicita a Cuba la entrega de los terroristas que allí se encuentran, desconociendo de plano los protocolos existentes que dan 15 días para abandonar el país sede, compromiso firmado, no por el gobierno Santos, sino por el Estado colombiano al cual representaba, con la anuencia de representantes de otros Estados que, como el de Noruega, país garante, le exige a Colombia el cumplimiento de los mismos.

Al hacerlo, el presidente Duque busca congraciarse con los ciudadanos que en las encuestas lo han bajado del 56 a un 24 por ciento, entendiendo que suma más enfrentándose al proceso de paz que defendiéndolo, bandera que de tiempo atrás viene agitando su protector sin que en los cinco meses de su Gobierno lo haya desconocido.

La rabia sumada al dolor lleva a decisiones de este tipo, pero no son las aconsejables.

Los diálogos de paz con las FARC se iniciaron con las reuniones exploratorias el 1 de marzo de 2011, y ya acordadas sus respectivas delegaciones, designaron a Cuba y Noruega como países garantes, el primero por ser sede de los iniciales encuentros y el segundo por contar con tradición en temas de resolución de conflictos.

La modalidad de negociar en medio de la guerra, llevó a que el 4 de noviembre del mismo año en desarrollo de la Operación Odiseo, fuera dado de baja Alfonso Cano, comandante supremo de las FARC, quienes entendieron que pese al duro golpe habían empeñado su palabra por la paz.

Hoy, nos toca a nosotros asimilar tan terrible realidad, en la certeza de que solo dialogando lograremos encontrarla, pues violencia no engendra más que violencia y en ella llevamos 60 años acariciándola.

El desconocimiento de los protocolos existentes, abre el camino para que mañana los países amigos pierdan la credibilidad en nosotros y resuelvan no participar en futuras mediaciones.

Alberto Zuluaga Trujillo
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