La cultura como propósito

Por: Alberto Zuluaga Trujillo

“La cultura puede ser experimento y reflexión, pensamiento y sueño, pasión y poesía y una revisión crítica constante y profunda de todas las certidumbres, convicciones, teorías y creencias. Pero ella no puede apartarse de la vida real, de la vida verdadera, de la vida vivida, que no es nunca la de los lugares comunes, la del artificio, el sofisma y la frivolidad, sin riesgo de desintegrarse. Puedo parecer pesimista, pero mi impresión es que, con una irresponsabilidad tan grande como nuestra irreprimible vocación por el juego y la diversión, hemos hecho de la cultura uno de esos vistosos pero frágiles castillos construidos sobre la arena que se deshacen al primer golpe de viento”.

La anterior reflexión, hecha por el premio Nobel de literatura Mario Vargas Llosa, cae como anillo al dedo ante los vergonzosos hechos protagonizados por algunos compatriotas en Rusia, con ocasión del Mundial de Fútbol celebrado en esa nación de la ex Unión Soviética. Algunos países como el nuestro piensan que el apasionamiento es una forma de expresión de la cultura y que sus valores se determinan por simple solidaridad o reconocimiento a los esfuerzos alcanzados por quienes idealizamos, cuando en realidad la cultura se alcanza a través del conocimiento, teniendo plena conciencia de lo que realmente somos como sociedad y como país.

El hacer parte del mundo subdesarrollado, nos sitúa en una baja escala de evolución cultural que nos hace presa fácil de la polarización y el radicalismo como lo acabamos de vivir en esta larga jornada electoral en donde, en términos generales, votamos más, no motivados por las condiciones humanas e intelectuales de X o Y candidato sino movidos por el odio, el rencor y la animadversión que uno y otro nos motivaron. La cultura del atajo, del vivo, del que logra evadir la ley se ha apoderado de nuestros jóvenes como herencia del narcotráfico, dónde el dinero alcanzado por medios distintos al trabajo honesto se ha posicionado entre nosotros, razón para buscar, por ejemplo, un empleo público, porque además, de dar caché dependiendo del cargo, es una forma fácil de enriquecimiento ilícito.

Lo sucedido en Rusia es deplorable. A más de cargar con el sambenito de narcodemocracia ante el mundo, debemos igualmente soportar el señalamiento de patanes y de la peor laya. A este pésimo comportamiento se suma el supuesto robo al cantante pop Maluma, cuyo valor ha sido tasado en 800 mil dólares (dos mil doscientos millones) lo cual no deja de crear maliciosas afirmaciones. El cambio que el país espera no va a llegar en una sola dirección; de arriba. No; esta debe empezar por nosotros mismos y desde la dirección del Estado se deben crear condiciones para lograrla. A más de las cátedras de urbanidad y cívica que anteriormente existían, se deben implantar en todas las escuelas y colegios a edades tempranas, asignaturas de principios y valores para ir creando procesos de cultura ciudadana. Es mucho lo que nos falta y largo el camino por aprender.

alzutru45@hotmail.com

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