La humanización del servicio

En un mundo de humanos se hace necesario que volvamos a repensarnos, a mirarnos, a sentirnos como humanos y no le dejemos a la tecnología, las tareas que solo hacemos nosotros. Los servidores públicos debemos ser promotores de esta causa.

«Humanizando el servicio esto va mejorando»

Pereira, mayo 5 de 2019. Bienvenida la tecnología, la robótica, bienvenida la modernidad, bienvenidas las comunicaciones, pero no podemos olvidarnos de nuestra condición humana, de lo que nos hace únicos y delegar en el desarrollo tecnológico, la importante tarea de tratarnos con dignidad.

Los servidores públicos y, también las personas que trabajan en el sector privado, debemos ser promotores de esta premisa, el trato digno, sentido humano , deben ser los principios que promovamos en nuestro día a día. Más allá de avanzar en las gestiones y de cumplir con las metas que nos establece el sistema, tenemos que reencontrarnos, valorar y dimensionar la oportunidad de mirarnos a los ojos, de tocarnos la piel, de reconocer el dolor, la expectativa, la tristeza, también la alegría, los logros y la mirada de la gente.

En las expresiones de los rostros, en sus miradas, se pueden leer muchas realidades y, en el quehacer de lo público, con solo el buen trato, estamos dando una luz de esperanza. El mundo necesita más servidores públicos comprometidos con el ser humano.

Esta necesidad está soportada, en buena parte, en el concepto y los principios de la ética del cuidado, una forma de vivir que promueve la compasión en el sentido superior del respeto por el sentir del otro y la posibilidad de hacer el bien, facilitando, también, que la personas que requieren de nuestro apoyo sean lo más autónomas posible, sin negar el acompañamiento, y transfiriéndoles, poco a poco, las competencias suficientes, para superar cualquier condición de vulnerabilidad.

La responsabilidad del cuidado se deriva del respeto a la dignidad de las personas. No podemos entender ningún proyecto social ni de desarrollo que tenga que ver con el trato de las personas, que no tenga como objeto principal, como eje central, a la persona, esto es lo que justifica la misión.

El sentido del servicio, de la solidaridad, del respeto por lo que está sintiendo la otra persona, por supuesto, también de las alegrías de los otros, hacen que nuestra mente entienda el mundo desde lo colectivo: no estamos solos, somos personas que convivimos en un mundo conectado por la tecnología, como ha pasado en el nuevo siglo, pero también por las emociones. Nada por potente que sea el invento o adelanto tecnológico, puede ser superior a las emociones al sentir.

Nuestro mundo, y con ello nuestro entorno, necesita y merece seres humanos más sensibles, más amorosos, la sensibilidad no nos hace débiles, al contrario, nos convierte en un actor capaz de aportar a la persona, nos hace fuertes a la hora de compartir nuestra habilidad, gestión y experiencia, para que las personas resuelvan una situación, reciban una orientación, hagan un trámite o incluso, siendo más generosos, lleven a cabo su proyecto vital, sus sueños, sus ilusiones y esperanzas.

Bienvenida la gente sensible, bienvenida la gente que se resiste a que sea una maquina la que nos gobierne, una maquina la que detenga las lágrimas, un aparato el que mida el nivel de necesidad, de sentir, exaltemos lo importante de los sentimientos, eso nos hace distintos a los otros seres. Nos merecemos un mundo más humano, más real.

En estos meses escucharemos muy buenos informes en los avances de las vías de conectividad, y las millonarias inversiones en lo público y privado, ojalá esto venga acopañado de unos mejores índices de desarrollo humano. Gente con mejor salud mental, un aire menos contaminado. Una agua potable saludable, unos excelentes resultados en las pruebas de estado, cero deserción escolar, erradicación de la desnutrición y de la violencia contra la familia.

Ojalá escuchemos la buena nueva que está disminuyendo el nivel de adicciones y ojalá que en nuestro territorio se superen esas estadísticas de trabajo infantil . Ojalá que las rendiciones de cuentas, nos den cuenta real que ha valido la pena la inversión y el desarrollo y, cada vez, tenemos menos vacíos humanos, ambientales y sociales.

Si estamos demoradas en esto, están a tiempo las Administraciones de redefinir y reportar la inversión que deberá ser más pensada y ejecutada en lo humano. Es hora entonces de humanizar el servicio, la inversión y el trato a la universalidad de la gente usuaria.

Elsa Gladys Cifuentes Aranzazu


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