La oración aleja la aflicción

“Y a la hora del sacrificio de la tarde me levanté de mi aflicción, y habiendo rasgado mi vestido y mi manto, me postré de rodillas, y extendí mis manos a Jehová mi Dios” (Esdras 9:5)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Salmo 31:1-24

Cuando la aflicción llega a nuestra vida, podemos sentirnos devastados; pero la Biblia nos invita a doblegar nuestro corazón ante Dios, clamar desde lo profundo de nuestro ser y confiar en que Él conoce todo lo que necesitamos y anhelamos.

Las circunstancias no son las que determinan nuestra calidad de vida, sino la fe en Dios. Cuando nada tenga sentido para nosotros y cuando los problemas parezcan ser más grandes de lo que podamos soportar, podemos recordar que Dios nos fortalece y que Él es nuestra ayuda. Cuando conocemos a Dios como Verdadero Papá, tenemos confianza plena en los momentos difíciles, somos fortalecidos por su Presencia y sabemos que al final siempre saldremos victoriosos.

Para superar cualquier prueba o adversidad no tenemos otro camino que buscar fervientemente al Señor en oración y con absoluta certeza que Él vendrá en nuestra ayuda; esta es la manera como el hombre y la mujer de fe florecen en medio de los veranos más intensos o los más áridos desiertos, pues sus “raíces” se extienden hasta las corrientes subterráneas de donde pueden beber incesantemente. En tiempos difíciles, los que confían en los seres humanos se empobrecerán y se debilitarán espiritualmente. Pero quienes confían en el Señor tendrán abundante fortaleza, no sólo para seguir luchando por ellos mismos sino también por los demás. Los que viven por fe disfrutan de abundante satisfacción en tiempos tranquilos y descansan en el poder y el amor de Dios en tiempos de crisis e intranquilidad. Nos dice el Manual de la Vida “En el día del bien goza del bien; y en el día de la adversidad considera. Dios hizo tanto lo uno como lo otro, a fin de que el hombre nada halle después de Él” (Eclesiastés 7:14)

Hoy, nosotros también somos llamados a poner nuestra confianza en Dios, y a esperar de su mano lo mejor; solo Dios nos ayuda a superar las pruebas y adversidades que vivimos; somos sus hijos y nos ama, y siempre cumplirá su propósito de amor en cada uno de nosotros. Jamás olvidemos que el Espíritu Santo nos dará la fuerza y fortaleza necesaria para salir victoriosos de cualquier padecimiento.

HABLEMOS CON DIOS:

“Amado Señor, gracias por permitirnos estar en esta mañana en Tu presencia, por permitirnos buscarte fervientemente en oración y con la absoluta certeza que Tu vendrás en nuestra ayuda, por inclinar Tu oído y escucha en este día nuestras oraciones. Sólo Tú puedes vivificarnos; extiende Tu mano de amor y renuévanos. Necesitamos cada día experimentar Tu amor para vivir una vida sobrenatural, En el día del bien gozaremos del bien; y en el día de la adversidad considéranos. Tú hiciste tanto lo uno como lo otro, a fin de que nosotros nada hallemos después de Ti.” Amén.

Reenvíelo a quienes usted cree que necesita este mensaje, se lo agradecerá.
Mensaje basado en el devocional «Llamado a la oración Lolita Cruz de Chamorro”.


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