Mi Par-tido Conservador

Mi Par-tido Conservador

Por: Alberto Zuluaga Trujillo

Así como aparece titulado, así está dividido y fraccionado el Partido Conservador, como igual lo está el Liberal, dos formidables agrupaciones que conjuntamente escribieron la historia de Risaralda y que hoy, lejos de ser lo que en el pasado significaron, son lastimosos despojos de una tradición de lucha y de fervor que ya nadie con mística siente el llamado a defenderlos. Dejaré lo del liberalismo al juicio de los suyos y solo me ocuparé del lado conservador que es la orilla en la que he navegado y en la que defendimos en su momento, con arrojo y entusiasmo, los postulados de Caro y Ospina en defensa de los sagrados valores de la Patria. Ese apostolado ejercido con entrega y cumplimiento estricto de las normas y los deberes, fieles a la observancia de los preceptos morales universales y por sobre todo, al respeto por lo público, es un viejo camino por el que ya no transita mi Partido, proclive hoy a todo el desenfreno propio de la actividad politiquera, en busca de servirse, que no en servir, como antaño lo practicaran nuestros grandes conductores, egregios ciudadanos quienes jamás se impusieron como un querer personal sino, por el contrario, como un servicio, rogado por una robusta militancia que reconocía en ellos las más acendradas virtudes que por siempre guardaron coherencia con el pensamiento conservador.

En la búsqueda de esos grandes valores el conservatismo hizo del orden una de sus grandes banderas entendiéndola como la conveniente disposición de las cosas para alcanzar su fin, que en últimas es el bien común. El orden se antepone al caos y es la base de la estabilidad social imponiéndose como condición de la paz y del progreso ciudadano. Siempre ha existido un orden natural razón por la que no hay nada que incomode más al juicio conservador que una sociedad anarquizada y desorientada. Y, ¿qué es lo que se advierte hoy en el conservatismo? Anarquía y desorientación. Abandono de sus caros principios en aras de un concupiscente ejercicio del poder que ha destruido su integridad y grandeza. Ya no es el legendario guardián de la tradición y los supremos valores humanos, sino alero de oportunistas y mercaderes que han hecho jirones su gloriosa bandera. Duele el alma ver al conservatismo de Risaralda inmerso en los condenables actos de corrupción administrativa, sin que su Directiva Departamental musite palabra alguna o su Senador, Samy Merheg, amo, dueño y señor del redil, explique el equivocado camino seguido por la colectividad manejada a su antojo y capricho.

Lejos, muy lejos, estamos de unos jefes, para hablar solo de los desaparecidos, Jaime Salazar Robledo y Emiliano Isaza Henao, quienes bajo su liderazgo, jamás permitieron el deshonesto desempeño en los cargos públicos. Según la Misión de Observación Electoral, MOE, (El Diario 28/9/18) en campaña, los candidatos municipales recibieron 123 millones y una vez posesionados los alcaldes, con corte a mayo de este año, han entregado 8.000 millones en contratos, de los cuales 6.000 han recibido los contratistas donantes en Pereira. Y así hablamos de honestidad administrativa.

alzutru45@hotmail.com

elpereirano.com

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