Por quién no votar

Por quién no votar

Por: Alberto Zuluaga Trujillo

La crisis de los partidos políticos, su descrédito y fragmentación, es la culpable del estado actual de la nación donde la mezcla de la política con los negocios particulares ha sido el caldo de cultivo en el que alcaldías, gobernaciones, ministerios e institutos descentralizados, en acuerdo con congresistas y magistrados, se prestan para el descomunal robo al que está siendo sometido el pueblo colombiano. Odebrecht, Reficar, los recobros del Fosyga, el Cartel de la Chatarrización, el Sistema General de Regalías o las Empresas Promotoras de Salud (EPS), para no mencionar sino éstas, retratan de cuerpo entero a nuestra corrupta dirigencia.

Bajo el lema de cada agrupación partidista se disfraza el soterrado saqueo de las finanzas públicas que al camuflarlo bajo un atrayente programa social como Programa de Alimentación Escolar (PAE), Protección a niños con síndrome de Down o el suministro de medicinas para pacientes con hemofilia, le ha costado a los erarios departamentales miles de millones de pesos. Cada día los partidos toman más distancia de sus ideologías. De manera paradójica, estas agrupaciones empezaron a debilitarse a partir de su regulación legal, iniciada bajo el gobierno de Belisario Betancur siendo precisamente la Constitución de 1991 la que dio origen a la multiplicidad de partidos pues, el bipartidismo, responsable de la Colombia de los siglos XIX y XX hasta 1991, cedió ante el nuevo sistema que en estas tres décadas llegó a registrar no menos de sesenta agrupaciones diversas.

Esta alocada aventura nos tiene donde estamos, presenciando con horror el descrédito de la política, de los políticos, de las autoridades y de las instituciones. La situación es de inmensa incertidumbre, pese a que en todo proceso electoral la hay en mayor o menor grado, pero es inevitable reconocer que estamos ante una contienda por la Presidencia en la que esta preocupación ha sido superada por todas las conocidas. No hay un solo partido en cuyo ideario o filosofía esté fincado el interés nacional. Aparte de quien encarna la izquierda, todos a su manera ofrecen lo mismo, tratando de ganar espacio dentro de la franja del centro o derecha, o entremezclando las dos, para cautivar incautos. Los partidos en esta contienda no juegan, y son precisamente por los que no hay que votar.

¿Qué distinto ofrece uno u otro partido? Aquí, lo que está en juego no es un programa de gobierno, aquí lo que se está jugando son los egos enardecidos de unos jefes, que solo buscan coronar sus apetencias personales. La crisis de los partidos únicamente se superará cuando haya una exigente legislación sobre los mismos, aceptando como cierto que algo peor que un sistema con malos partidos es un sistema sin ellos, ya que son las columnas sobre las cuales se afianza la democracia. Por eso, por lo que nuestra clase política es incapaz de auto corregirse, es por lo que se hace imperativo la convocatoria de una nueva Constituyente que, cual cortante bisturí, cercene las partes gangrenosas del andamiaje nacional.

alzutru45@hotmail.com

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