¡Qué impotencia!

Al sentarme frente a la hoja en blanco de mi computador he sido presa de honda frustración pues teniendo mucho sobre qué escribir, los temas se agolpan en mi mente con inusitada rapidez, no dilucidando por dónde empezar ni cuál analizar. Que la corrupción de las Cortes, del Ejército, de la Armada, de la Policía, del Congreso o el hedor que destilan las campañas electorales que como caldos de cultivo hierven en los actuales momentos. ¡Qué impotencia! En días pasados un amigo, columnista también, me reclamaba por un fuerte señalamiento al Ejército y me decía: “Esas son verdades que debemos callar porque como columnistas no podemos ser amplificadores de tamaños males”.

No. ¿Cómo callar la directriz del alto mando que pretendía resucitar los falsos positivos? ¿Cómo tapar la persecución al interior de las mismas buscando identificar a los denunciantes, en un pésimo manejo dado por un Ministro cuyas actuaciones han estado signadas por la torpeza? ¿Cómo quedarnos callados ante la compra de la Dimar, adscrita a la Armada Nacional y al Ministerio de la Defensa de un barco a la República Popular China por 13 millones de dólares que en su viaje a Cartagena presentó serios daños, encontrándose en la bahía desde hace año y medio y sin que nadie responda? No. Cuando la sal se corrompe, según el pasaje bíblico, nada hay por hacer.

Congreso, Cortes, Fuerzas Armadas, Fiscalía, todas a una como en Fuente Ovejuna están con su comportamiento destruyendo la Nación. La reaparición de Márquez y de Santrich nuevamente vestidos de camuflados, ¿a qué Cortes se las debemos? La salida la semana pasada de Francisco Ricaurte, expresidente de la Corte Suprema de Justicia y miembro del cartel de la Toga, al igual que la de Carlos Palacino, sindicado de apropiarse de 400 mil millones de pesos, ambos por vencimiento de términos, es una muestra clara de que el sistema penal acusatorio ha fracasado en sus propósitos.

¿Cómo es posible que la Fiscalía descuide casos tan emblemáticos como el de Palacino, o que investigaciones como la del magistrado Pretelt duerman el sueño de los justos? Parecería que para estos refinados delincuentes existiera una justicia alcahueta que poco los toca y en la que se cubren la espalda. Los alcaldes y gobernadores, en su inmensa mayoría, ponen a funcionar su entramado corrupto con el fin de imponer al candidato, no al mejor, sino al amigo para que les tape la espalda en la administración siguiente y parte sin novedad.

Este es un país manejado por tramposos en el que la guerra contra la corrupción es palabra hueca, o acaso, ¿el entierro que el Congreso le dio al estatuto que la combatía, no es prueba fehaciente? Aquí no más, para no ir muy lejos, sabemos de sobra cuales son los políticos corruptos, quienes han estado señalados de manejos non sanctos mas sin embargo, obtienen las mayores votaciones. Su sola presentación en el tarjetón como que les basta pues, de la mecánica electoral, es de lo que realmente son verdaderos maestros. ¡Qué impotencia! ¡Qué Vergüenza!

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Alberto Zuluaga Trujillo


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