Que llegue la buena hora para sembrar

Que llegue la buena hora para sembrar, que llegue la menguante para nuestras comunidades indígenas

  • En el lenguaje y el calendario lunar, la menguante es el tiempo para sembrar. Soberanía alimentaria, semillas nativas, cultivos sostenibles y buenos caminos y vías para sacar los productos al comercio, son algunos de los aspectos que debemos fortalecer si queremos que las comunidades indígenas retornen a sus resguardos y no pasen los días pidiendo monedas en los andenes de las ciudades. Deben saber y entender los pueblos indígenas, que la verdadera autonomía, lo que les permitirá hablar de tu a tu con los gobiernos, es si son auto sostenibles, si se abstienen de pedir el sustento que les debe entregar sus tierras y las costumbres de sus ancestros.
  • Por su parte, a los gobiernos que se les exija condiciones de competitividad y que se vuelva un privilegio visitar y comprar los productos orgánicos y nativos de esos pueblos indígenas que amamos y que respetamos.

A los pueblos indígenas, históricamente, se les ha tenido prevenciones y reservas, ha habido tensiones mutuas y, a propósito del 12 de octubre que acabamos de conmemorar, les quitaron y se les dejaron muchos pasivos ambientales, sociales y en su dignidad, luego de la conquista. Estos pueblos, que quedaron reducidos a unos resguardos, y que en el caso de Colombia tienen concesiones y garantías que les da la Constitución, tienen que tener más y mejores condiciones para tener una vida humana digna. A los indígenas hay que enamorarlos de sus tierras, pero con garantías

La Constitución Política de 1991 en sus artículos 44, 64 y 65, se encarga de mencionar las obligaciones del Estado para que en nuestro territorio se cosechen y produzcan alimentos, que se puedan movilizar y que puedan suplir las necesidades nutricionales de los pobladores de los centros urbanos y las comunidades rurales.

El gobierno nacional dio un trascendental paso hacia el reconocimiento de la autonomía de los pueblos indígenas, al aprobar el 7 de octubre de 2014 el decreto 1953 “por el cual se crea un régimen especial con el fin de poner en funcionamiento los territorios indígenas respecto de la administración de los sistemas propios de los pueblos indígenas hasta que el congreso expida la ley de que trata el artículo 329 de la Constitución Política”. Este decreto hace realidad varias de las reclamaciones históricas del movimiento indígena, y es un avance hacia la efectividad de la autonomía indígena prevista en la carta constitucional.

Pero no podemos quedarnos solo en este privilegio especial para los indígenas. La responsabilidad que tenemos como Estado es la de garantizar que sus costumbres culturales, sus prácticas ancestrales y su manera de vivir, se respeten, obviamente en un marco amparado por los Derechos humanos. Para desarrollar esto, y en la vía de que la mejor forma de fomentar esta manera de desarrollo, es colaborar y coadyuvar para que exista la soberanía alimentaria, debemos trabajar de manera urgente en la sostenibilidad de la misma.

En mala hora hemos pretendido llevarles a los indígenas proyectos productivos con productos transgénicos. Esto es ponerlos a depender de que, en cada cosecha tienen que comprarles o llevarles semillas, y esto no es sostenible. Por eso, la idea es comprar semillas nativas que ellos conozcan y que estén acordes con el clima y el origen y que, además, sean las que las costumbres de ellos conocen y que permitan que se las conserven.

El país y el departamento de Risaralda tienen el gran desafío de promover los retornos de los indígenas a sus resguardos y, por supuesto, de que en estos lugares haya condiciones para la vida digna. En esto la cooperación internacional tiene unas fórmulas que son efectivas. En estos proyectos, llegan con técnicos experimentados, pero dejan hablar a la comunidad y tienen en cuenta la capacidad instalada. Esto es cooperar con desprendimiento y dejar cultivada una costumbre y unas buenas costumbres que sean sostenibles para las comunidades.

Pero mientras nos llega y se gestiona la cooperación internacional, lo que requiere que haya una administración comprometida y con la capacidad para traer estos proyectos, aquí podríamos hacer el deber de llevar la prácticas del Sena, a estas comunidades. Llevarlas hasta el campo donde están las comunidades indígenas, a estos resguardos que son grandes extensiones de tierra muy fértil. Seria muy importante y oportuno sembrar allí, con buenas prácticas, acordes a su cultura, para que ellos enamoren de esto y garantizarles la posibilidad de transporte de sus productos.

Qué tal si enviamos a los resguardos indígenas a técnicos agropecuarios, para que les enseñen a hacer cosechas productivas, sostenibles, orgánicas y libres de plagas y bichos, pero cuidadas de una manera natural, amigable con el ambiente, sin químicos, sin contaminantes.

Hablemos ahora del transporte, de las vías, de los caminos que conectan a los indígenas con las cabeceras municipales. En la mayoría de los países más desarrollados este transporte está subsidiado y bien garantizado. Pensemos entonces cómo el Estado colombiano y el departamento de Risaralda, implementan un subsidio en los resguardos campesinos, para garantizarles el transporte de los productos y que la infraestructura vial sea estable.

Todo esto es importante y necesario para evitar que los indígenas, acosados por él hambre, por la desnutrición, por la falta de oportunidades, porque no han aprendido de buenas prácticas y no les hemos dado la oportunidad de aprender de seguridad alimentaria, terminen en las ciudades capitales, como el caso de Pereira, pidiendo monedas en los andenes.

La sociedad no les ha dado la oportunidad de aprender de las buenas prácticas del campo, no les hemos compartido los saberes que permiten valorar lo que produce la tierra, por eso se están quedando sin opciones y, si a esto le sumamos las consecuencias del conflicto y la guerra, de la explotación minera ilegal, de los desplazamientos masivos por la violencia, la situación es cada vez más compleja, por eso es hora de reaccionar. Es hora ya de dejar de señalar culpables y más bien hacer un propósito firme y pedirle apoyo a quienes saben de estos temas, como a la FAO y a las organizaciones que quieran juntarse en una gran alianza para ayudarnos a sembrar en los resguardos indígenas esperanza de vida.

Es hora de acabar con el imaginario de todo lo que las civilizaciones les han quitado a los pueblos indígenas, ahora, llevémosles , regalémosles una nueva cultura de sembrar, de cosechar… llegó la hora de que nosotros hagamos en el campo el mejor menguante para los pueblos indígenas, el mejor menguante de Luna para sembrar, para que se enamoren de las cosechas, para que pasen cosas buenas en el campo, en los resguardos donde ellos viven y a donde deben retornar. Es tiempo de sembrar.

Elsa Gladys Cifuentes Aranzazu
Defensora del Pueblo
Regional Risaralda


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