Seguimos adelante

Hace treinta años, el periódico El Espectador titulaba así, después de un gran atentado a sus instalaciones para gritarle a los narcoterroristas, que no podían intimidar a Colombia, dando muestras de una estatura moral inigualable que infortunadamente escasea hoy en día.

Los jóvenes menores de 30 años no vivieron esos momentos terribles en que la mafia permeó todas las instituciones con el fin de tomarse el poder; asesinando periodistas, funcionarios judiciales, pagando recompensas por la muerte de policías y atentando indiscriminadamente contra la población civil inerme. Con marrullas, accedieron al congreso de la república, pagaron a miembros del M-19 para desaparecer los procesos que cursaban en la Corte Suprema de Justicia contra los extraditables por narcotráfico, asesinaron a los excelentes magistrados que en aquella época eran ejemplo de pulcritud y juzgaban en derecho; cooptaron a ciertos personajes de la Asamblea Nacional Constituyente para que acabaran con la extradición, con la consigna de “preferimos una tumba en Colombia que una cárcel en Estados Unidos”. En fin, toda una época de execrables conductas desconocidas por nuestra juventud, por cuenta de la eliminación de la historia y la táctica de la combinación de todas las formas de lucha que nos quisiera vender una memoria histórica a su amaño donde los bandidos son los héroes y los héroes aparecen como bandidos.

Y esa época luctuosa pasó y creíamos que de verdad éramos bienvenidos al futuro, pero la enfermedad hizo metástasis y lo que era de unos pocos mafiosos fue asumido por las farc y Colombia se perdió irremediablemente en medio de un mar de coca hasta que fue electo nuestro presidente Uribe quien sometió como correspondía a los insurgentes, hasta obligarlos a hablar de paz. Pero un judas llegó al poder y en contravía de lo decidido por el pueblo, cedió a los pedidos exorbitantes de los narcoterroristas que siguen burlándose del pueblo.

Y en estas andamos en lo nacional, pero en lo local no es muy distinto; quienes tienen a sus copartidarios entre rejas por hechos ostensibles de corrupción en Santa Rosa de Cabal, Dosquebradas y Pereira, luchan a brazo partido por conservar su imperio del mal; se dan indicaciones desde las cárceles o por personajes en capilla de ser aprehendidos por la justicia y en ésta situación tan lamentable, surge en Risaralda un hombre con el temple suficiente para tomar el toro por los cuernos, para devolvernos la esperanza y ese hombre es Eduardo Cardona Mora, próximo gobernador de Risaralda, con toda seguridad.

Por Otoniel Arango Collazos


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