Tamayo no es de fiar

La ley electoral es clara y contundente. El artículo 2.º de la Ley 1475 de 2011 establece que la militancia o pertenencia a un partido se da con la inscripción que haga el ciudadano ante la respectiva organización política, según el sistema de identificación y registro que se adopte para tal efecto.

En el caso de Tamayo este se inscribe como candidato a la Gobernación de Risaralda por el Partido Conservador, documento en el cual ratifica su condición de militante activo. Por razones de tiempo y de mecánica política la Directiva Departamental, previo estudio de los inscritos, escoge a Diego Alberto Naranjo Escobar como candidato, siendo rechazado por Tamayo quien adujo que el mecanismo de selección no fue el acordado, razón por la que se inscribió una vez más por los Partidos Alianza Social Independiente ASI y Colombia Justa Libres (agrupación de Iglesias protestantes) renunciando al conservatismo días antes de la nueva inscripción.

Una cosa es que el candidato considere que se le cambiaron las reglas de juego, caso en el cual debió demandar el cumplimiento de lo acordado y otra pensar que por dicho supuesto, quedaba en libertad de actuar por fuera de la ley, procediendo a nueva inscripción en otra agrupación distinta, renunciando al conservatismo, renuncia que la ley claramente señala debe presentarse con un año de anterioridad a la fecha de inscripción. Un viejo y vulgar aforismo popular dice que para el mamón no hay ley. Claro, Tamayo es conservador cuando le conviene.

Además, en un país como el nuestro, en donde la justicia está pasando por su peor momento al ser enjuiciados altos magistrados cuyos fallos direccionaban dependiendo, no de la aplicación honesta del derecho, sino de los billetes intercalados en los folios de estudio, bien pudieran los magistrados del Consejo Nacional Electoral aceptar puestos para sus esposas e hijos que un alto funcionario con real poder de nombramiento pudiera hacerles, interesado en el alcance de la providencia a dictar. El inscribirse por Iglesias evangélicas y protestantes cuando se escuda con la camándula y el crucifijo, jurando ser católico convencido, hace de Tamayo un candidato de no fiar.

Dentro de esta podredumbre en que se adelantan las campañas y en donde los topes electorales son burlados por los candidatos sin que el alto organismo electoral diga nada, ¿podrán los candidatos Tamayo y Maya explicar la ostentación de poder económico que los risaraldenses observamos, donde no ha quedado espacio en Pereira sin que sus vallas aparezcan? Si lo hacen con razonable justificación que nos tranquilice bien, si no, mucho cuidado deberemos poner los pereiranos y risaraldenses a la hora de votar, pues desconociendo el origen de estos ríos de dinero, tanto la alcaldía de Pereira como la Gobernación de Risaralda podrían quedar en manos de unas mafias que irían tras los presupuestos que entre los dos sumarían billón y medio de pesos aproximadamente. Por eso nos parecen sanas y beneficiosas las candidaturas de Adriana López Giraldo para la alcaldía de Pereira y la de Diego Naranjo Escobar para la Gobernación de Risaralda.

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Alberto Zuluaga Trujillo.


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