Tres décadas del magnicidio de Galán

Después de tres décadas del magnicidio de Galán, la justicia ha condenado a Jhon Jairo Velásquez Vásquez, alias “Popeye”, hombre de confianza del extinto Pablo Escobar y quien aceptó entregar las armas y el dinero a los sicarios del dirigente liberal; a Nancy Lozano (conocida también como Jhoan Aslec Lozano Rodríguez) y a José Édgar Téllez, quienes esa noche ayudaron a distraer a los manifestantes y a los pocos escoltas fieles que estaban presentes; estas dos personas (paramilitares al servicio de Gacha), cargaron pancartas frente a la tarima donde llegó Galán en Soacha y colaboraron en ocultar a quienes dispararon; estos últimos, autores materiales quienes a sus vez fueron ultimados por la misma mafia. Todo lo anterior, con la complicidad del condenado general Miguel Maza Márquez, director del Das para la época, quien cambio a los escoltas a última hora.

La investigación concluyó también, que los primeros días de agosto de 1989, en una finca llamada Alsacia, en jurisdicción de Venadillo (Tolima), Alberto Santofimio se reunió con el jefe del cartel de Medellín Pablo Escobar Gaviria y su socio Gonzalo Rodríguez Gacha “El Mexicano” y planearon el asesinato que se llevó a cabo el 18 de agosto de 1989 y por ello fue condenado. La justicia determinó que: «…de acuerdo a las pruebas que practicaron en el voluminoso expediente, todo indica a pensar en forma certera, que todos esos interrogantes fueron ciertos, si fue verdad que hubo móviles políticos; se pagaron más de cuatrocientos millones de pesos por la muerte de Galán, existió una investigación torcida y desviada para dar con el paradero de los verdaderos responsables del magnicidio…».

El pensamiento medular del sacrificado líder sigue vigente hoy más que nunca, decía Galán: “Entendemos que los grandes propósitos nacionales sólo serán posibles si recuperamos la dignidad de los poderes del Estado; si modernizamos la organización de las distintas colectividades políticas; si transformamos la vida político-administrativa del país dentro del marco de una nueva ética social” quien de manera premonitoria agregaba: “Los hombres pueden ser asesinados, pero las ideas no”.

Infortunadamente, seguimos en la encrucijada del narcotráfico que sigue creciendo, mientras la sociedad se desgasta en discusiones bizantinas, como la de usar o no el glifosato, como si decidir entre los narcotraficantes y las personas honradas fuera muy difícil, como si votar o no por los que se saben corruptos también, debido a una sociedad amoral que nos consume. Un feliz día.

Por OTONIEL ARANGO COLLAZOS


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