Una derrota anunciada

En términos generales el voto fustigó el corrupto desempeño de la tradicional clase política. Con los alcaldes de Dosquebradas y Santa Rosa en la cárcel, nada distinto podía esperar el conservatismo regional que debió cargar el pesado lastre de su desprestigio, a más de sumar su inocultable desgano por un candidato que, si bien tenía la experiencia y la preparación suficiente, producía más frío que calor entre sus simpatizantes.

Derrotar la Casa Merheg fue la consigna. ¿Se logró? Diríamos que a medias. El triunfo de Tamayo, carismático y habilidoso, deja a dicho clan político con un pie en el estribo. Su mentor, el exsenador Habib, debió jugar protagónico desempeño tras bambalinas. No se le vio pero su presencia se sintió. Como experto jugador, se trajo de Colombia Viva a su esposa Juliana quien, sin dificultad alguna, apoyada por su cuñado Samy se hizo elegir nuevamente diputada para luego erigirse como cabeza de la nueva fuerza con la ayuda de Tamayo. Así se entierra la Casa Merheg para seguir Habib manejando tras de cámaras al Departamento, bajo la unión de los dos eslogans: “Sentimiento de todos- Pasión por Risaralda”. Dios los hace y ellos se juntan.

Entre tanto, los risaraldenses felices porque derrotaron al candidato de Samy, sin sospechar que las apuestas estaban del lado de Tamayo con Habib, “el resucitado”. Mientras no se produzca una profunda reforma electoral, los Partidos en Colombia no serán más que instrumentos de quienes pretenden llegar acolitados por unas masas ciegas para adueñarse del poder.

Lo sucedido en la Alcaldía de Pereira no fue más que el efecto bumerang materializado por la suspensión de un Alcalde sorprendido en flagrancia. Es la forma simple de proceder de un pueblo cuando ve que lo que hoy tiene es muchísimo más que lo que en el pasado tuvo, sin detenerse a pensar en el inmenso futuro que el mañana le depara con alguien por fuera de las amañadas estructuras clientelistas. En vez de avanzar hemos retrocedido.

Pereira ya no es la quinta ciudad en importancia del país. Ocupamos la treceava casilla. Según el nuevo censo por encima nuestro están Valledupar, Montería, Santa Marta, Ibagué, Villavicencio, Bucaramanga, Cúcuta, Cartagena y desde luego, Barranquilla, Cali, Medellín y Bogotá. Somos hoy, una ciudad de poco peso.

Adenda: Lo sucedido en Santa Rosa, otrora el segundo municipio del Departamento, de verdad lo aplaudo. Allí, sí que se dio el voto castigo: un muchacho joven, sin ataduras, dispuesto a sacar a su ciudad adelante, golpeada por el microtráfico y la corrupción orquestada por un conservatismo descompuesto y vergonzoso. Abandonado a su propia suerte pareciera haber despertado de su ya largo letargo. José Rodrigo Toro Montes, se impuso como su nuevo alcalde, con una votación que supera la sumatoria de sus tres cercanos competidores. Dios quiera iluminarlo y contar con el apoyo de las gentes que en su inmensa mayoría son buenas, como lo son todas las de nuestro departamento. Como decían los viejos, deberá barrer hasta con el nido de la perra. Borrón y cuenta nueva.

Alberto Zuluaga Trujillo.
alz[email protected]


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