Urge transformación en las cárceles

A Colombia le urge una transformación de las cárceles en función de la resocialización y la salud mental. Esto debe ser ya!

  • Las personas privadas de la libertad pueden ser productivas y autosostenibles .
  • Las cárceles en Colombia tienen una enorme barrera a la hora de cumplir con su función de resocializar y de contribuir a resignificar el proyecto de vida de las personas que pagan condenas. No existen políticas claras de atención a la salud mental, que suele estar afectada, en la mayoría de las personas que conviven en estos espacios. Este 10 de octubre se conmemora el Día de la Salud Mental, tomemos conciencia.

Pereira, octubre 7 de 2019. Que una persona esté recluida en una cárcel no significa que haya perdido su dignidad, ni que deba condenarse a vivir en las peores condiciones para los humanos y, mucho menos, que no tenga una oportunidad, para recuperar su proyecto de vida, una vez cumpla con su condena. En Colombia, con la crisis carcelaria que atravesamos, por el hacinamiento, por la crisis del sistema judicial, estamos muy lejos de cumplir con este principio, y con el propósito de resocializar a las personas que terminan privadas de la libertad.

Recientemente escuchábamos una historia de un joven caleño, de 24 años, que estuvo preso en dos oportunidades por robo y por tráfico de drogas. Proveniente del distrito de Aguablanca, este joven cuenta como, mientras estaba en la cárcel, solo pensaba en dos cosas: suicidarse o cómo aprender y hacer mas contactos para hacer más daño e incluso, hasta planeaban asesinatos y robos con sus compañeros de patio, como parte del uso del tiempo libre que tenían y que era casi todo el del día.

Luego de cumplir sus penas, el muchacho salió de la cárcel y, por vínculos con algunos amigos, llegó a un programa promovido por la Secretaria de Paz y Cultura Ciudadana de Cali que, bajo el nombre de “Gestores de Paz”, ha logrado resocializar y brindar oportunidades a miles de jóvenes. “Esto en realidad si me ha servido, me enseñaron de cultura ciudadana, de participación, de cultura de paz, tengo un trabajo y una oportunidad para sacar adelante a mi familia. En la cárcel solo pensaba en ser más malo, aquí creyeron en mi y me han capacitado”, aseguró el joven en su relato y agregó que si esta oportunidad hubiera llegado antes a su vida o, al menos durante su primera vez en la cárcel, otra cosa hubiera pasado, pero finaliza diciendo que “nunca es tarde”.

Escuchando la historia de este joven, que solo pensaba en matar o sucidarse, y que gracias a este programa de resocialización tiene una oportunidad, uno concluye que, una oportunidad de resocializarse hace la diferencia. Hablemos primero de lo económico, como recluso, este joven le valió el Estado, más de 1 millón 500 mil pesos mensuales, y no hubo ninguna inversión en su formación ciudadana y mucho menos en lo productivo. Con un programa de resocialización serio y vigilado, esta persona pasa a ser productiva, no solamente a sentirse útil, sino a dejar de ser una carga para el Estado.

Esto es bien importante de resaltar, porque la justicia debe poner su mirada en este tipo de alternativas, buscando un equilibrio entre las penas y los perfiles de las personas que están implicadas en estas situaciones que comprometen la privación de la libertad.

Según información que ha sido compartida por la antigua Agencia Colombiana para la Reintegración (ACR), hoy ARN (Agencia para la Reincorporación y Normalización), cerca del 70 por ciento de las personas que van a pagar sus penas a las cárceles, reinciden; mientras que la reincidencia de las personas que se acogieron al proceso de reincorporación, que es una ruta para superar las condiciones de vulnerabilidad, tiene un porcentaje que no sobrepasa el 20 por ciento.

A este aspecto hay que sumarle, también, la situación de hacinamiento que, no solamente aporrea gravemente los derechos humanos de las personas privadas de la libertad, sino también que pone en creciente vulnerabilidad a las familiares que los visitan. Por ejemplo, el riesgo de contagiarse con las enfermedades que entre ellos circulan, porque sabemos que hay altos índices de tuberculosis y VIH entre las personas que viven en la cáceles.

Este riesgo se puede convertir en un foco muy delicado en el tema de salud pública y, adicional, a esto hay que pensar en el altísimo costo que hay que pagar de tal manera que, esto no sumado a la no resocialización, es un problema de país muy complejo.

Es muy grave que en las sociedades modernas no exista el principio de la resocialización, el de la rehabilitación. Debemos trabajar para que la gente tenga la posibilidad de reinventarse, que cuando recupere la libertad pueda salir y ser una persona útil para la sociedad. Las personas que pasan por la cárcel, salen y en condiciones físicas y con una salud totalmente deterioradas, y ni hablar de la salud mental, que es un capítulo ausente en la sociedad colombiana y que, cada vez, se evidencia más la necesidad inmediata que tenemos cuidarla.

Es pues necesario adoptar, de una vez por todas, políticas para cuidar la salud mental para las personas privadas de la libertad y para todos. Este jueves, 10 de octubre, se conmemora el Día de la Salud Mental y, la Organización Mundial de la Salud decidió concentrar el mensaje en la prevención del suicidio. Las cifras revelan que, en el mundo, cada 40 segundos se suicida una persona. En Pereira, el panorama no es más alentador, según una noticia publicada por El Diario, el pasado 5 de marzo, en la ciudad hay un intento de suicidio cada día y, Pereira, es la ciudad con más casos de suicido en el país (Caracol, 16 de agosto de 2018), siendo esta la tercera causa de muerte entre los adolescentes.

Queda, entonces, hecho el llamado para que tomemos conciencia y no nos tomemos a la ligera la salud mental: Ni la nuestra, ni la de las personas que están privadas de la libertad, ni la de los adolescentes, ni la de las mujeres, ni la de ninguna persona…este es un asunto que requiere de atención, como siempre la prevención será nuestro mejor aliado y, en el caso de los entornos carcelarios, requerimos con premura, trabajar en función de la resocialización efectiva y sostenible.

Elsa Gladys Cifuentes Aranzazu
Defensora del Pueblo
Regional Risaralda
Zona de los archivos adjuntos


TRIBECA TOWNHOUSE casas campestres Pereira vía Armenia

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